Evidencia que apoya un mayor acceso al aborto legal y seguro

Evidence supporting broader access to safe legal abortion
Anibal Faúndes Iqbal H. Shah
International Journal of Gynecology and
Obstetrics 131 (2015) S56–S59

Traducción y comentarios:
Dra. Cecilia Martínez. Dra Lía Arribas


El aborto ilegal y realizado de modo inseguro, sigue siendo una de las principales causas de muerte materna a nivel mundial. Representa 14,5 % de todas las muertes, y la mayor mortalidad está dada en países donde hay leyes restrictivas acerca de su práctica. La evidencia actual demuestra que, para disminuir la mortalidad y morbilidad materna en relación al aborto, hay que lograr legalizarlo e institucionalizar su realización aumentando así el acceso a los recursos que lo convierten en un método seguro. La penalización del aborto, según la evidencia, no sólo no disminuye la incidencia de abortos provocados sino que, además, aumenta la morbimortalidad materna secundaria a complicaciones de la práctica en ámbitos donde está prohibido o es de uso limitado. Por otro lado, se ha visto que la despenalización no incrementa la tasa de abortos como se supone.

Un artículo publicado en marzo de 2015, expone la evidencia científica actual disponible, que sostiene que el acceso al aborto seguro y las leyes que respalden éste accionar, disminuyen la mortalidad materna asociada al aborto ilegal. En lugares como Sudáfrica, donde el aborto es legal, hay una clara disminución del número de muertes maternas. La prevención primaria para un embarazo no deseado, es un método anticonceptivo eficaz, aunque sabemos que ninguno lo es 100 %. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima en 33,5 millones el número de embarazos accidentales por año. Sumado a la violencia sexual y los abusos a los que quedan expuestas miles de mujeres, incluso niñas y jóvenes, que las llevan, en algunos casos, a concebir un embarazo no deseado. El objetivo de legalizar el aborto y la interrupción del embarazo, es disminuir las muertes maternas y las complicaciones asociadas de las mujeres que no tienen acceso a su realización segura con atención sanitaria adecuada. El aborto sigue siendo estigmatizado en la sociedad, y sólo está permitido, en muchos países, cuando se trata de salvar la vida de la mujer. Una de las principales barreras es la resistencia de los profesionales a practicarlo, alegando la objeción de conciencia, aunque muchas veces la verdadera razón es el miedo al estigma social por realizar abortos legales.

El Comité de Ética de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) para aspectos de reproducción humana y salud de la mujer recomienda: “El deber primario de conciencia de ginecólogos y obstetras es el de proporcionar bienestar, tratamiento, y evitar daño en las pacientes que están a nuestro cuidado, y, por lo tanto, de las cuales somos responsables. Cualquier objeción de conciencia para el tratamiento de una paciente es secundaria”. Sin embargo, en Brasil, sólo el 40 % de los ginecólogos-obstetras estaba dispuesto a ayudar a pacientes que solicitan un aborto seguro y sólo el 2 % dispuesto a proporcionarlo.

El objetivo de este artículo según sus autores es contribuir a que se comprenda que se puede estar a favor del acceso a un aborto seguro, sobre todo en mujeres pobres, que dependen de la salud pública, sin que ello signifique estar “a favor del aborto”.

¿Porqué FIGO favorece un mayor acceso a los servicios de aborto seguro?

La FIGO favorece un mayor acceso a los métodos de aborto seguro sabiendo que no es fácil sostenerlo para cualquier persona o institución en el entorno actual que vivimos,el cual es estigmatizante sobre el aborto.

La primera razón para favorecer este mayor acceso, es que una mujer que se enfrenta a un embarazo no planificado y que decide realizar un aborto, lo hará, sea legal o no.

Como muestran numerosos estudios, el aborto ilegal es causa de muertes y sufrimiento para la mayoría de mujeres que cursan con un embarazo no deseado. El aborto inseguro es una de las principales causas de muerte materna en todo el mundo en donde éste no esta permitido o está limitado legalmente, siendo la disponibilidad a su acceso dificultosa. La tasa de mortalidad con abortos inseguros por cada 100.000 nacidos vivos, en Europa en el año 2008 pasó a ser de 1, mientras que en el año 1990, era de 5. En África, en el 2008 fue de 80 y en 1990 era de 100 por cada 100000 nacidos vivos. En Asia y América latina, para el año 2008 fue de 20 y 10 respectivamente, mientras que en 1990 era 30 y 50 muertes por cada 100000 nacidos vivos.

La revisión sistemática, demuestra que cada año más de 5 millones de mujeres ingresa a hospitales para recibir atención por complicaciones relacionadas a un aborto no seguro. Como queda expuesto hasta acá hay una gran desigualdad en el riesgo de morir como resultado de un aborto inseguro. Mientras que la tasa de aborto inseguro en América Latina es mayor que en África, el riesgo de muerte como resultado de éste es aproximadamente 15 veces mayor para una mujer que vive en África que para una mujer que vive en América Latina. Constituye una rara excepción, la muerte que tiene lugar en un hospital privado, para una mujer privilegiada económicamente que acude buscando atención en este contexto. La mayoría de las muertes ocurre en las casas de las mujeres más carenciadas en donde se lleva a cabo un aborto no seguro. Las mujeres más pobres de los países más pobres del mundo, son las principales víctimas de la criminalización del aborto y la falta de oportunidad al acceso de servicios para una finalización segura del embarazo. Las complicaciones agudas y crónicas, como infertilidad y dolor pélvico crónico, forman parte de las consecuencias negativas en estas mujeres, que podría prevenirse si tuvieran acceso a un aborto seguro cuando lo necesitan.

Una segunda razón para favorecer un amplio acceso al aborto seguro es que el principal factor de acceso a la prevención es la penalización del aborto, lo cual sólo aumenta la mortalidad y la morbilidad sin disminuir la incidencia de abortos inducidos.

El efecto de la penalización se ve reflejado en los hechos sucedidos en Rumania, donde en 1965 se prohibió abruptamente el aborto y las tasas de muerte materna pasaron de 15 por cada 100000 nacidos vivos a más de 140 en ese período. Y se redujo drásticamente cuando se eliminaron las restricciones al aborto en ese país. Las tasas de aborto más bajas se encuentran en países donde las leyes permiten ampliamente el aborto y éste, por lo tanto, es seguro como en Europa occidental, Alemania y Suiza. En los países donde el aborto está restringido, se observan mayores tasas de mortalidad. Hace algunos años la tasa de aborto resultaba ser más alta en Europa del este, que tiene leyes liberales que permiten un acceso fácil y seguro al aborto, pero a su vez en dichos países se observaba una limitación al acceso de métodos anticonceptivos eficaces; cuando mejoró el acceso, se observó una reducción de un 50 % en las tasas de aborto que pasó de 90, en 1995, a 43 cada 1000 mujeres en el año 2008.

La tercera razón que lleva a FIGO para promover el acceso al aborto seguro es que la despenalización reduce rápidamente la mortalidad relacionada con el aborto y, en consecuencia, la tasa total de mortalidad materna.

En Rumania, ha disminuido inmediatamente en 1989 de 170, a 75 en el año 1991. En Sudáfrica en 1994 era de 425, y pasó a un promedio de 40 por año con la promulgación de la interrupción legal de embarazo, lo que demuestra una reducción del 91%.

La cuarta razón de FIGO para favorecer al acceso al aborto seguro es que en un entorno jurídico más favorable, la despenalización no incrementa el número de abortos como usualmente se supone.

En algunos países, se observa un aumento inicial, posterior a la despenalización, pero es imposible determinar si se trata de un aumento real o un resultado de la falta de notificación previa.

En Turquía, los datos sobre frecuencia de aborto derivan de encuestas demográficas y de salud de mujeres que responden directamente sobre su experiencia sobre el aborto. Luego de la corrección del subregistro que devino con la reforma legal (aumentó la denuncia), el número de embarazos que terminaban en aborto han disminuido. No hay relación directa entre la legalización del embarazo y su acceso seguro, y la disminución del número de abortos. Sabemos que la reducción del número de embarazos que conduce a abortos, se debe a la disponibilidad de una mejor información junto al acceso a métodos anticonceptivos eficaces. La legalización del aborto no sólo disminuye su frecuencia, sino que promueve su prevención facilitando la oportunidad de realizar planificación familiar en estas pacientes a las que se les brinda medios seguros para finalizar su embarazo, con el fin de disminuir la repetición en gestaciones futuras. Cuando el aborto constituye un crimen y es ilegal, otro es el escenario que lo acompaña, los proveedores no suelen estar motivados en reducir su frecuencia y realizar prevención en mismo acto.

El análisis de las razones por parte de la FIGO sobre mejorar el acceso a un aborto legal y seguro, no se encuadra bajo el lema “a favor del aborto” ni intenta aumentar el número de abortos inducidos, sino que, por el contrario, se esfuerzan en disminuir el número de abortos al mínimo posible sin castigar su práctica ni negar su atención.

La reducción del número de abortos, debe quedar en claro que se logra mediante la educación y planificación familiar. Paradójicamente la interrupción legal del embarazo, es un medio que lleva a la disminución de los abortos. Criminalizar el aborto, sólo conduce a la muerte y el sufrimiento sobre todo de las mujeres más marginadas.

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